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El reconocido bajista Salvador Cuevas regresó a Puerto Rico tras una prolongada ausencia para, entre otras cosas, deleitar al público que acudió al Festival Internacional de Jazz.
por Jaime Torres Torres / El Nuevo Dia No recuerda cuantos bajos rompió y quemó en los conciertos de la Fania All Stars. Y es que presenciar a Salvador Cuevas con la constelación de estrellas de la salsa era todo un espectáculo. El bajista, de 53 años natural de Peñuelas, sustituyó a Bobby Valentín en 1976 y rápidamente impuso un estilo innovador al incorporar al tumbao salsero acordes de los rhythm & blues, el funk y el punk
Yo quería ser diferente. Lo mío siempre fue la música americana. Ricardo Marrero & The Group fue la banda más latina en que estuve y tocábamos jazz. Y para mí, en la salsa, la parte del bajo era aburrida. Nadie se atrevía a innovar y yo decidí hacerlo”, recordó Cuevas, quien el sábado fue uno de los invitados del Gigante Latin Jazz All Stars, atracción del Festival Internacional de Jazz que se celebró en el Centro de Servicios Municipales en Isla Verde, Carolina.Cuevas, que tocó con Mongo Santamaría y Los Kimbos, regresó a los escenarios locales después de una prolongada ausencia. Y es que cuando la salsa comenzó a decaer en Nueva York, se trasladó a la meca del pop: Miami. En la Ciudad del Sol colabora con productores como Kike Santander y Emilio Estefan Jr. “Han inventado cincuenta cosas sobre mi. Dijeron que hasta trabajé como taxista. Yo siempre he tocado, lo que pasa es que entré en otra onda, la del pop y tampoco he sido una persona que le guste alardear. Soy bastante tímido”. En estos tiempos, Cuevas desplega sus recursos como acompañante y solista. Sin embargo, no le pidan que rompa el bajo porque sólo tiene uno. “Lo mío en los tiempos de Fania era un vacilón. Jerry Masucci deseaba que yo organizara mi propio grupo y yo le decía que estaba interesado en un concepto de salsa punk, pero no estaba muy seguro de que lo pudieran entender. Y vacilando le hablé de The Sex Pistols, donde rompían los bajos en la tarima. Y así empezó la cosa”. Son otros tiempos. Las giras de las Estrellas de Fania se prolongaban por meses. Un recorrido por Japón conllevaba 15 y 20 presentaciones en las que debía destruir igual cantidad de instrumentos. “Fue una locura, hoy me convenzo de eso. Jerry me daba cheques para los bajos y luego los rompía y quemaba”. Sus recuerdos más gratos se remontan a los años en que trabajó con Willie Colón y Rubén Blades. Hoy lamenta que, por diferencias y demandas, ambos artistas priven de sus talentos al público salsero del mundo. “Es muy triste. Son dos genios que sacaron tantas cosas bonitas que pudieran seguir trabajando. Es muy triste”, concluyó. Artículo original de El Nuevo Dia |