|

Jane Bunnett
Si uno quiere estar en el lugar correcto en el momento correcto, siempre es bueno llegar temprano. Jane Bunnett, la saxofonista soprano, flautista y directora, de Toronto, ha construido su carrera en la encucijada entre la música cubana y el jazz. Dos veces nominada al Grammy y una constante de las nominaciones para los premios Juno de Canada, ha convertido a sus bandas en vehículos para el más fino talento musical de Canada, los Estados Unidos y Cuba.
Paquito D’Riviera, el gran saxofonista cubano, ha dicho de ella: Jane es brillante y ha estado esforzándose tanto por tocar lo auténtico. Lo que está haciendo es válido y legítimo. Sin embargo, al principio, lo único que quería era unas vacaciones baratas. Para el 1982 Bunnett y su esposo, el indomable trompetista Larry Cramer, tenían un invierno de Toronto para evitar y tanto dinero para gastar en sus vacaciones como cualquier otro músico de jazz — muy poco. Cuba parecía una buena alternativa. Compraron sus pasajes. Y sus vidas cambiaron para siempre. Lo que todos conocen ahora, gracias a Buena Vista Social Club y otros eventos recientes — que Cuba alberga una escena musical increíblemente rica que es mantenida con vida por una vital y duradera tradición musical — se había de alguna manera borrado de la memoria de Norte América a principio de los 80. Ciertamente era noticia para estos turistas de Toronto. Dondequiera que Bunnett y Cramer iban encontraban percusionistas cuyo dominio de la complejidad rítmica opacaba cualquier cosa escuchada; trompetistas que desplegaban sorprendente destreza al servicio de un lirismo impactante; pianistas que podían hacer que cualquier decrépito y viejo piano de pared rugiera como el terror o cantara como un corazón enamorado. Como no eran tontos, sacaron sus instrumentos y siguieron la corriente. Y, dándose cuenta de cuan rica y retante era toda aquella música, hicieron rápidamente planes para regresar y estudiar más. Para principio de los 90 Bunnett se había convertido en una habitual visitante de los escenarios musicales de La Habana; estaba incorporando músicos cubanos, comenzando con el pianista Hilario Durán, a sus bandas en Toronto; y lanzaría su primer álbum de influencias cubanas, Spirits of Havana. Desde entonces Bunnett ha ido de gloria en gloria, saliendo de gira internacionalmente y grabando una hilera de álbumes aclamados por la crítica. Su cómoda casa en el lado oeste de Toronto se ha convertido en una segunda casa para un creciente número de extraordinarios jóvenes músicos cubanos que han migrado a Toronto. SU sorprendente nuevo álbum, Red Dragon'Fly, es su más ambiciosa expresión, hasta ahora, de su muy personal fusión de Cuban-jazz: una selección de piezas fuertmente melódicas de media docena de naciones, respaldadas por el Penderecki String Quartet y tocadas por la propia banda de Bunnett, que en estos días cuenta con el formidable joven pianista David Virelles. In a way, el álbum es su proclama de emancipación: ella ha pasado su carrera dominando las tradiciones musicales de los países cercanos, pero ahora esta haciendo del mundo entero su estudio. Lo que siginifica que es tiempo de que el mundo entero la conozca. |